La conservación de la biodiversidad en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador sede Santo Domingo (PUCESD) tiene un rostro concreto: el de las manos que, cada día, riegan, podan, limpian, siembran y acompañan el crecimiento de las plantas que dan vida al campus. Son manos que no siempre se ven, pero que sostienen silenciosamente un proceso más amplio liderado por el Jardín Botánico Padre Julio Marrero (JBPJM), cuya misión de conservación ha trascendido sus propios espacios para extenderse a toda la sede universitaria, convirtiéndola en un territorio vivo dedicado a la protección de la flora, la investigación y la educación.

Este trabajo es posible gracias al equipo de jardinería y mantenimiento del Jardín Botánico Padre Julio Marrero (JBPJM), del cual forman parte Marco Álvarez y Pedro Felcher, responsables del cuidado de las áreas verdes del campus. Gracias a su labor constante, se han habilitado espacios estratégicos, como un área destinada a la conservación de gesneriáceas y un arboreto universitario, donde crecen, aunque aún jóvenes, especies emblemáticas como las magnolias tropicales Magnolia canandeana y Magnolia chiguila, así como ejemplares de Zamia lindenii. Estas acciones fortalecen la conservación ex situ de especies nativas y, al mismo tiempo, generan valiosas oportunidades para la investigación, la docencia y la sensibilización de la comunidad universitaria.

Más allá de los aspectos técnicos, estas manos que cuidan el campus reflejan una manera profunda de comprender la relación con la naturaleza, en diálogo con la encíclica Laudato Si’, que invita a una conversión ecológica basada en el cuidado de la casa común. Cada planta atendida y cada espacio recuperado se transforman así en un gesto de respeto por la creación y en una invitación a reconocer que proteger la biodiversidad no es únicamente una tarea institucional, sino también un acto cotidiano de amor, responsabilidad y esperanza.
